El discurso de la izquierda del siglo XXI debe dar un paso más en sus análisis y planteamientos y superar una asignatura que ha tenido siempre pendiente: la lucha feminista. Junto a la contradicción de clase, en el sistema capitalista resulta cada vez más urgente incluir otras contradicciones y ejes de conflicto, que nos ayuden a comprender mejor las formas de opresión y a perfilar el sujeto de cambio de la etapa actual.

El patriarcado, como modelo de dominación del hombre sobre la mujer, surgió de manera previa al capitalismo, pero luego ha evolucionado y se ha desarrollado junto a él, reforzándose el uno al otro. Sin embargo, la historia del socialismo y el feminismo como proyectos emancipatorios no ha estado exenta de desencuentros. Para no volver a cometer los errores del pasado, hemos de comprender que la superación del capitalismo no conlleva, por sí sola, la superación de la dominación masculina. Es imprescindible, por tanto, enlazar ambos hilos, el rojo y el violeta, y hacer que la lucha de las mujeres sea una lucha compartida por todas y todos. La izquierda y el socialismo del siglo XXI deben ser consciente y decididamente feministas.
Aunque casi nadie discute esto, es necesario reconocer que no siempre se asume en la práctica. Como botón de muestra puede servir el hecho de que, así como en la cultura política de la militancia de IU-CM está el conocimiento de las tradiciones políticas y debates teóricos más señalados de la historia de la izquierda, apenas se conoce y se reflexiona sobre la historia del feminismo y de sus distintas corrientes de pensamiento. Este vacío, junto al desinterés práctico por el feminismo, ha conducido, en muchas ocasiones, a una falta de discurso político y a la no interiorización real de la lucha de las mujeres. Es necesario rectificar esta situación, abrir espacios de formación, debate y reflexión, y generar un discurso político feminista que vaya más allá de una lista de medidas paliativas.
Desgraciadamente, a día de hoy, todavía las mujeres no tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo. IU-CM debe seguir siendo uno de los baluartes de la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres: por un lado, apoyando una modificación legislativa que convierta la educación afectivo sexual en una enseñanza básica de la educación primaria y secundaria, que garantice la gratuidad de los métodos anticonceptivos y que despenalice la interrupción voluntaria del embarazo, al modo de una ley de plazos; y por el otro, vigilando la implantación de esta ambiciosa legislación a nivel autonómico, puesto que las competencias están transferidas y las diferencias entre comunidades son a menudo abismales. En la actualidad, en la Comunidad de Madrid, el aborto no se garantiza ni siquiera en los tres supuestos que ya prevé la ley y se están llevando a cabo persecuciones contra las mujeres que han ejercido su derecho a decidir sobre su propio cuerpo. IU no puede quedarse fuera de estas reivindicaciones.
Al mismo tiempo, la propuesta feminista de IU-CM debe plasmarse en la reivindicación de políticas sociales que incrementen la autonomía material de las mujeres y aumenten su libertad real: permisos materno-parentales pagados e iguales para hombres y mujeres; universalización y gratuidad de la educación infantil de 0 a 3 años; revalorización (inversión pública, cualificación profesional, calidad del empleo, etc.) del trabajo realizado en el sector servicios, crecientemente feminizado; red universal de servicios públicos de calidad; partida presupuestaria para cumplir la Ley de Dependencia; reconocimiento de los periodos de cuidados a efectos del cálculo de las pensiones; etc.
Todas estas reivindicaciones y el fortalecimiento de nuestro perfil feminista, deben conducir a una mejor y más intensa relación con el movimiento feminista; que nos permita el intercambio de ideas y la unidad de acción con sus distintos componentes. Para todo ello creemos que es necesaria la creación de Mujeres de Izquierda Unida, una estructura con autonomía suficiente para articular nuestras propuestas en todos los espacios de IU-CM y del movimiento feminista, y en la que puedan participar todas las mujeres de Izquierda Unida. Nuestras caras visibles, nuestros mensajes, e incluso nuestra estética, deben de ser coherentes con nuestro discurso político.
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